Un perturbador caso de suplantación de identidad ha desatado una alarma sobre los límites de la privacidad digital y los riesgos de engaño en línea. Una estudiante universitaria en Corea del Sur ha denunciado que su propia madre creó un perfil falso en la red social X (anteriormente Twitter) utilizando sus fotografías y datos personales para contactar y sostener conversaciones íntimas con hombres adultos.
El caso, que involucra prácticas de catfishing y grooming indirecto, fue revelado de forma anónima en el popular segmento Anna Bar del canal de YouTube Anna TV, conducido por la comediante Hur An Na.
Según el testimonio detallado, la madre abrió la cuenta hace aproximadamente un año y se hizo pasar por una joven de 21 años. La mujer, que evitó usar su propia imagen, utilizó fotografías de su hija para construir una identidad digital falsa que le permitía interactuar con hombres, la mayoría de unos 30 años, en conversaciones de tono íntimo.
Cuando la joven descubrió el engaño y confrontó a su madre, la respuesta fue la de minimizar la gravedad de sus acciones. La madre afirmó que solo estaba «divirtiéndose un poco» y que no existía riesgo, pues no tenía intención de encontrarse físicamente con los hombres contactados.
Lejos de detenerse, el comportamiento de la madre escaló, invadiendo directamente la vida privada y exponiendo la seguridad de la menor. La mujer no solo utilizaba expresiones de carácter sexual, como «Quiero un beso húmedo», sino que comenzó a difundir información personal y privada de su hija con completos desconocidos:
- Datos Sensibles: Se compartieron la dirección del domicilio, el centro de estudios al que asistía la joven, así como detalles físicos como su estatura y peso.
Este último punto fue señalado como el más grave, ya que expuso a la estudiante a riesgos concretos fuera del entorno digital, facilitando que desconocidos pudieran localizarla.
El caso se agravó cuando la madre presionó a su hija para que participara activamente en el engaño. Según el relato, la mujer le llegó a pedir a la joven que grabara mensajes de voz para enviarlos a uno de los hombres con los que estaba conversando.
Este acto transformó a la universitaria de una víctima de suplantación en una participante involuntaria de una interacción considerada como grooming indirecto, al utilizar la imagen y la voz de una menor, sin su pleno consentimiento, para sostener diálogos íntimos con adultos bajo coacción familiar.
El testimonio ha abierto un debate crucial en Corea del Sur sobre la necesidad de mayores medidas de protección de la identidad personal y la creciente amenaza de los riesgos digitales dentro del propio núcleo familiar.
Con información de Milenio
