Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), entre los que destacan la anorexia y la bulimia, se mantienen como una de las problemáticas de salud pública más complejas y silenciosas de la actualidad. Así lo advirtió el nutriólogo José Jaime Hernández Sánchez, quien enfatizó que estas afecciones conllevan severas repercusiones tanto en la salud física como en la estabilidad emocional de los pacientes.
El especialista detalló que las personas diagnosticadas con un TCA experimentan de manera recurrente un temor intenso frente a la ingesta de alimentos. Sin embargo, precisó que las causas detrás de estas conductas no son aisladas, sino que obedecen a un origen multifactorial.
«Abuso sexual, familias disfuncionales, ansiedad o algún otro trastorno psicológico pueden desencadenarlo; socialmente también detona este problema. Actualmente las redes sociales también juegan un papel trascendental», explicó Hernández Sánchez.
Dentro de los desencadenantes sociales, el nutriólogo hizo especial hincapié en la exposición constante a ciertos estándares estéticos a través de entornos digitales. Señaló que algunos jóvenes buscan replicar la contextura física de celebridades, figuras del entretenimiento o personajes de anime, incurriendo en conductas de alto riesgo como el ayuno prolongado para alterar su apariencia corporal.
Al respecto, el especialista aclaró que la visualización de este tipo de contenidos o caricaturas no genera por sí misma el trastorno en todos los casos, pero sí puede actuar como detonante en perfiles vulnerables mediante la adopción de dinámicas o dinámicas virales.
- Retos de privación: Pacientes que ponen a prueba su resistencia física manteniéndose días enteros sin ingerir alimentos.
- Búsqueda de la figura ideal: Presión por adoptar la fisionomía de estereotipos mediáticos o de la cultura pop.
- Aislamiento social: Ocultamiento sistemático de las conductas de riesgo ante el entorno cercano.
Hernández Sánchez concluyó que, al tratarse de patologías que suelen desarrollarse en el ámbito privado y sin manifestaciones iniciales evidentes, la intervención oportuna del núcleo familiar resulta determinante.
El acompañamiento constante y la atención a los cambios drásticos en los hábitos alimentarios o de conducta permiten detectar a tiempo las señales de alerta, garantizando que el paciente reciba atención profesional multidisciplinaria y no enfrente la enfermedad en solitario.
Con información de Heraldo
