Daniel Ortega anunció que en Nicaragua «no volverá a haber elecciones», una declaración con la que elimina públicamente la posibilidad de futuros procesos electorales y profundiza el control absoluto que ejerce sobre el país junto con su esposa y copresidenta, Rosario Murillo.
El mandatario hizo el anuncio durante la conmemoración del 47 aniversario de la Revolución Sandinista, donde afirmó que promoverá leyes para impedir que la oposición vuelva a disputar el poder por la vía electoral, al asegurar que no permitirá el regreso de fuerzas políticas a las que calificó como respaldadas por Estados Unidos.
La decisión implica la cancelación de las elecciones presidenciales previstas para 2027 y consolida el modelo político instaurado por Ortega tras casi dos décadas continuas en el poder. En los últimos años, su gobierno ha impulsado reformas constitucionales, encarcelado o expulsado a opositores, restringido libertades civiles y concentrado el poder en el Ejecutivo.
La declaración generó fuertes críticas de organizaciones defensoras de derechos humanos y de la oposición nicaragüense en el exilio, que consideran que el país deja atrás cualquier apariencia de democracia para convertirse oficialmente en un régimen de partido único y una dictadura familiar encabezada por Ortega y Murillo.
