El escenario geopolítico en el Medio Oriente ha alcanzado un punto crítico este sábado. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que una flota internacional de «buques de guerra» se dirige hacia el Estrecho de Ormuz con el objetivo de garantizar la libre navegación en el paso, luego de que el nuevo liderazgo iraní amenazara con bloquear esta arteria vital para la economía global.
La escalada de tensión se disparó tras el primer mensaje público de Mojtaba Jamenei, el nuevo Líder Supremo de Irán. En sus declaraciones del pasado jueves, Jamenei afirmó que el estrecho permanecerá cerrado como medida de presión mientras persistan las operaciones militares de Estados Unidos e Israel contra territorio iraní.
El bloqueo de este paso estratégico no es una amenaza menor: por Ormuz circula diariamente aproximadamente el 20% del petróleo mundial, por lo que un cierre prolongado podría desatar una crisis energética sin precedentes a nivel global.
Ante el desafío de Teherán, la administración Trump ha trazado una línea roja. El mandatario declaró que, de ser necesario, la Marina de Estados Unidos comenzará a escoltar petroleros de manera inmediata.
Por su parte, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, reforzó la postura oficial al mencionar la creación de una “coalición internacional” destinada específicamente a la protección de buques comerciales en el paso. Esta estrategia busca diluir la responsabilidad del patrullaje entre múltiples aliados para asegurar el flujo de crudo hacia los mercados internacionales.
Este anuncio de despliegue naval ocurre apenas un día después de que el propio Trump informara, a través de su plataforma Truth Social, sobre un operativo militar de gran escala. Según el mandatario, se llevó a cabo uno de los bombardeos «más poderosos» en la historia de la región contra objetivos en la Isla de Jarg.
Dicha ubicación es el corazón de la infraestructura petrolera de la República Islámica, ya que en ella se almacena y procesa el 90% del petróleo que Irán exporta al mundo. El ataque representa un golpe directo a la capacidad financiera y logística de Teherán en medio de este enfrentamiento abierto.
Los mercados internacionales observan con cautela el desarrollo de estos eventos en el estrecho. Mientras la diplomacia parece haber cedido el paso a la fuerza militar, la comunidad global se prepara para las posibles consecuencias en el precio del combustible y la estabilidad del suministro de energía si el conflicto en el paso de Ormuz continúa escalando.
Con información de Milenio
