El fallecimiento de la maquilladora y creadora de contenido digital Roseli Fernandes, de 48 años de edad, ha encendido nuevamente las alarmas internacionales sobre los peligros de los procedimientos estéticos clandestinos o mal regulados. La mujer perdió la vida tras sufrir severas complicaciones de salud derivadas de una intervención quirúrgica realizada en una clínica privada de la metrópoli brasileña.
De acuerdo con los informes policiales y sanitarios de Brasil, Fernandes acudió al centro médico el pasado 26 de mayo con el objetivo de someterse a un procedimiento de aumento de glúteos. Los reportes preliminares indican que, poco después de la operación, la creadora de contenido comenzó a manifestar diversos malestares físicos y dolores; sin embargo, en un primer momento no consideró que los síntomas fueran de gravedad y decidió esperar.
La situación se tornó crítica durante las investigaciones ministeriales, donde se reveló que a la paciente se le inyectaron altas dosis de Polimetilmetacrilato (PMMA) tanto en los glúteos como en los muslos. Debido al protocolo del tratamiento, Fernandes debía regresar al día siguiente a la clínica para una revisión. Fue justamente al momento de ingresar al establecimiento cuando la mujer se desplomó y quedó completamente inconsciente, lo que desató el pánico y la alerta entre el personal médico presente. A pesar de los esfuerzos por reanimarla, la paciente falleció en el lugar.
El Polimetilmetacrilato es un material plástico de consistencia acrílica que se encuentra bajo el escrutinio de las agencias sanitarias a nivel mundial debido a su alta tasa de rechazo. Expertos médicos señalan que, si el PMMA se aplica de manera incorrecta o en cantidades excesivas, puede desencadenar:
- Obstrucciones arteriales: Embolias de grasa o material que viajan a los pulmones.
- Infecciones severas: Rechazo crónico del tejido e inflamación generalizada.
- Efectos letales: Insuficiencia respiratoria y daños orgánicos irreversibles que pueden conducir a la muerte súbita.
La Policía Civil de São Paulo abrió una carpeta de investigación para determinar las condiciones bajo las cuales operaba la clínica privada y si el personal contaba con las certificaciones necesarias para suministrar este tipo de biopolímeros.
Mientras tanto, en las plataformas digitales, miles de seguidores de la maquilladora han expresado su consternación por el suceso, transformando el caso en un debate viral sobre la presión social por los estándares de belleza y la urgencia de regular de manera más estricta el uso de sustancias de grado industrial en el cuerpo humano.
Con información de Heraldo
